El martes por la noche dejé la ventana abierta. Y por ella se filtraron aire nuevos, más frescos y prometedores.
Al principio creí que era la recién estrenada temperatura otoño-invernal que se colaba desde la calle hasta mi cuerpo, sacudiéndome un poco la sensación de agarrotamiento y pesadez.
Una corriente de aire me destapó el corazón dejando al descubierto una esperanza recién nacida. Si millones de personas han sumado su voluntad para sacarse de encima 8 años de pesadilla, es que aún hay posibilidades para el cambio.
No hay como sentir en la piel una textura nueva.
O ver un camino virgen bajo nuestros pies.
Aspirar el perfume de la hierba recién cortada.
Probar un sabor por primera vez.
Sí, tal vez haya algo mejor. Recobrar esas sensaciones después de haberlas perdido.
Ojalá no se pierda esta oportunidad de hacer las cosas bien.
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