Tengo una hija pre-adolescente. Con ésto sería ya suficiente para que muchos se identificaran conmigo y supieran exactamente qué pensamientos, sentimientos, frustraciones, temores y broncas me inundan cada día.
Hoy la veía dormida y pensaba ¿qué fuerzas misteriosas se apoderan de nuestros bebés (rollizos, suaves, mordibles) y los convierten en un erizo que se encrespa al menor atisbo de ternura ?
Y, por obra de algún duende escondido en el fondo de la biblioteca, al buscar otra cosa me encuentro cara a cara con uno de los muchos libros que tengo del Negro Fontanarrosa. En cualquiera de ellos, como en una suerte de biblia popular, se encuentra respuesta a todos los interrogantes de la vida cotidiana.
Página 705 de Cuentos reunidos/2. Leo: “… el sabandija se niega a bañarse. No te lo dice directamente, no te enfrenta mirándote a los ojos cuando se resiste a entrar en la bañera, no. Pero elude el momento, se olvida, finge no tener tiempo, aduce que el estudio le quita oportunidades para asearse. Tu esposa le ha comprado cientos de camisetas, algunas de ellas con estampados jubilosos, alegres, juveniles. Tu hijo, sin embargo, se empecina en usar siempre la misma camiseta negra, arrugada, con el estampado en blanco de un cocodrilo del Ganges, con la que ha dormido las últimas nueve noches…”
Y continúa “… las largas piernas huesudas que, en sectores, muestran una granulosidad plena de canutos similar a la piel de los pollos congelados“.
Hablamos de fútbol, de política, de economía, de literatura. Lo que quieras. El Negro aborda cada tema con la filosofía de mesa de bar y la altura de escritor genial que lo acompañó toda su vida.
Es (sí “es” aunque ya no “esté”) un mago que con sus palabras diarias, inundadas del agridulce humor argentino, nos coloca a las verdades de frente, sin darnos la oportunidad de mirar para otro lado, muertos de risa.
Leyendo sus cuentos y relatos desopilantes, donde se esconden apenas las peores virtudes y los mejores defectos de nuestro pueblo, te das cuenta de lo gigante que hay que ser para hablar de cosas grandes desde la anécdota.
Casi como una preadolescente más, con esa volátil vocación que dura un día (hoy quiero ser profesora de japonés, mañana quiero ser abogada y pasado voluntaria en Angola) leemos al Negro Fontanarrosa y queremos ser como él.
Parafraseando la letra del Himno Nacional Argentino, que canta pomposamente a la “libertad del yugo colonial”, digo: ¡ Al gran Negro argentino, salud !
1 comentario
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Muy bueno Vic!!
Por suerte todavía disfruto de mis rollizos bebés, que no te creas, ya tienen su carácter, pero para la preadolescencia todavía me faltan unos cuantos añitos.
Saludos!
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