“Para la libertad, sangro, lucho, pervivo” decía Miguel Hernández.
Sentir el cruel desasosiego de saber que no habrá más libertad que la que nuestro corazón conserve en su interior.
Mantener viva, a pesar de las calamidades, la capacidad de imaginar, de perdonar, de planear.
Aún cuando los viles verdugos de la libertad se empeñen en negarnos la posibilidad de cultivar la ilusión.
¿ Llegarán a sentir ésto acaso, quienes se ven privados por la fuerza, de la energía incombustible del saberse libres ? Libres de movimiento, de pensamiento, de acción.
Pasa el tiempo y no puedo dejar de pensar en los años robados a una mujer como Ingrid Betancourt. Y a sus hijos. Arrancados de su historia personal los recuerdos y experiencias, por el tiempo no compartido.
“Para la libertad, sangro, lucho, pervivo”
No hay argumento político ni lucha que llene el vacío de una mamá en una noche de pesadillas infantiles. No hay sangre tan valiosa como las lágrimas por una ausencia sin respuestas.
Las noches de verano perdidas.
Los abrazos no recibidos.
Las palabras calladas o perdidas en la selva.
Las miradas al cielo pidiendo justicia.
La sensación de horfandad parcial.
La esperanza y la ira.
Queda ahora reconstruir lo posible.
1 comentario
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muy interesante el relato.
fijate que yo también escribo en mi blog.
y decime que te parece.
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