Los creadores entran a formar parte, por fin, de Europa. 16 años después del establecimiento de la libre circulación de trabajadores dentro de la UE, los autores del viejo continente acceden, eso sí, con la oposición de las sociedades gestoras de derechos, a una parte de las prerrogativas que hasta ahora le estaban vetadas.
La Comisión Europea acaba de obligar a 24 de estas mismas sociedades, entre ellas la SGAE, a eliminar las restricciones en sus contratos y a permitir a los creadores a afiliarse a cualquier sociedad europea, aunque ésta se encuentre más allá de las fronteras de su Estado miembro. En otras palabras, que ahora un usuario comercial (cliente) podrá adquirir derechos sobre determinada obra en varios países sin tener que negociar con la entidad de turno en cada país, al tiempo que cualquier creador podrá escoger quién le represente, sea del país que sea.
Algo que nos parece tan normal dentro de la filosofía y la política de la UE (es más, algo que cualquiera hubiese creído que estaba implantado ya) es valorados por las dichosas sociedades con berriches del tipo:
“Se trata de un ataque a la diversidad cultural porque sólo se beneficia a los usuarios multinacionales y se perjudica a las discográficas independientes y a sus autores”. (Alianza de Compositores y Autores Musicales).
o
“Conducirá inevitablemente a una fragmentación catastrófica del repertorio y por lo tanto a una incertidumbre legal para los usuarios de música y en ningún caso beneficiará a los creadores”. (Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores).
Luego dirán que por qué los llamamos reaccionarios.
Fuente: Europa Press
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